San José acoge a su casa a María cuando Ella está embarazada (cf. Mt 1,20). Este misterio revela que, según el mundo de la gracia, en vez de que las bodas sean el preludio para la maternidad, al revés la maternidad prepara para las nupcias eternas. De modo que María, por ser madre, prepara a San José para las nupcias místicas del alma con el Cordero. Es el motivo por el que San José es el único descendiente de David en ser llamado “esposo”, porque él es el primero a quien María dispone para la unión esponsalicia con Dios, y porque él es el único en vivir esta gracia mediante la virtud de su unión matrimonial con María.

San José, ¡llévanos hasta donde descubramos la maternidad de María !