Las maneras que son propias de San José son “humildad” y “obediencia”. Cuando el Enemigo desencadenó su furia hacia el Niño con la masacre de todos los Inocentes, ¿sacó José la espada como luego haría San Pedro en el Monte de los Olivos ? Dócil ante la Palabra, el santo patriarca se fue metiendo en el desierto, ocultando en el silencio a Cristo y a la Virgen.

En este sentido, San José también es patrono de la buena muerte. Como maestro que nos enseña a renunciar a nosotros mismos, nos protege del Enemigo enseñándonos el buen morir, ocultándonos en el silencio y en la gloria de Dios. Pues está escrito : “Habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios” (Col 3,3)