La Sagrada Familia se dejó moldear por la dura experiencia del desierto. Movido por la urgencia de salvar a Jesús de la espada de Herodes, San José llevó al Niño y a su Madre por aquellas extensas tierras. De tal modo que el desierto oculta discretamente la infancia de Jesús y las primicias de su ministerio público. En dos ocasiones, antes de cada periodo importante de su vida terrestre, Jesús reitera y otra vez se va, escondiéndose lejos: así podrá tomar (emprender) el vuelo del Espíritu y asentar en Dios el futuro.

Puesto que San José fue escogido como guía y protector en el primer viaje a través del desierto, él ahora es quien puede enseñarnos a seguir a Jesús, con el fin de prepararnos para que seamos capaces de recibir nuestro futuro en Dios que es la propia vida del Resucitado.