Vivir en Nazaret es una llamada y una elección.

San Jose había instalado su familia en Egipto. Allí la vida era ruda y a la vez agradable. En la comunidad judía unos apoyaban a otros. En las metrópolis de los faraones había mas ofertas de trabajo que en Galilea. Las amistades crecían con familias egipcias. El país era bello y apacible. Y sobre todo la tierra y el sol egipcio fueron el decoro de las alegrías de la pequeña infancia : las primeras palabras, los primeros pasos, los primeros asombros del niño Jesús ocurrieron allí, lejos de la locura de Herodes…

Los años pasaron apacibles hasta que el ángel llamó.

Es cierto que ninguna tierra quita el amor a la suya, y Herodes había muerto. Sin embargo Archelaüs le sucedió, mas violento y sangriento, y habría que volver a empezar todo, escondidos en el día a día incierto.

San Jose eligió Nazaret, como mas tarde Jesús elegiría irse del Templo, de sus liturgias suntuosas y de sus teólogos ilustres, para bajar con su madre y su padre (Lc 2,51). San Jose obedeció a la llamada de Nazaret como mas tarde los discípulos, iluminados por la presencia del resucitado, escucharían al ángel inventándoles a ir a Galilea (Mt 28,7).

Uno va a Nazaret abdicando. No se vive en Nazaret sino escogiendo a Jesús, solo (Mc 9,8).