La tradición cuenta que Dios dió al pueblo los dos primeros mandamientos, pero que ese mismo, espantado por la majestad divina y la potencia de esas palabras, oró para que Moisés sea desde entonces el intermediario (Ex 20,19). Así Moisés recibió el mismo en persona las ocho otras palabras. Asimismo, Dios, habiendo decidido dar sus tesoros los mas preciados, el Hijo y su Madre, confió a San Jose el conjunto del misterio de la Encarnación.

Vayamos a Jose, depositario de los misterios de la salvación.