Concedemos fácilmente que San José es silencioso: no se le oye. Por lo tanto, no se noticia tan fácilmente de que no lo veamos. Aún queriéndole y rezándole, nos cuesta reconocer su presencia y acción. ¿ Será sólo porque es discreto?
No podemos descuidar su santidad. Es la más grande posible, justo después de la de la Virgen María. Es decir hasta qué punto su corazón es puro, y su autoridad sobre el Enemigo es importante. Es decir que San José vale mejor que nosotros, y que cada otro santo. Es decir hasta qué punto es diferente de nosotros… Cuanto más uno nos parece diferente, más es invisible.

Por eso, el camino más rápido hacia San José será el del confesionario. Al destruir el pecado, Jesucristo actualiza en nosotros la sorprendente santidad de Dios.
Esta luz nos revela el mundo real: José protegiéndonos con su payado, Jesús llevándonos sobre sus hombros.