Enseñar un oficio al que con su Palabra todopoderosa formó el universo y a cada instante lo mantiene : ¡qué duro para ti, San José, tú tan humilde ! Es cierto que antes de la Encarnación, Dios no tenía manos para trabajar la madera ; y ahora que tiene manos, tú eres quien tiene que enseñarle a usarlas. Pero dejando que sus manos divinas estén clavadas en la madera es cómo tú le enseñas a trabajar, cómo él nos va a devolver nuestra libertad.