Yo, espontáneamente, casi pensaría para mis adentros (y con cierta nostalgia) : « ¡O San José, cuán hermosa y luminosa fue tu vida, totalmente entregada al servicio de Jesús y de María, cuando la mía está marcada por la tristeza de mi propia mediocridad y la falta de luz de un día a día sin relieve ni novedad…»