¡Qué maravilla ver a niño crecer día tras día! Pudiste averiguar, San José, que el Verbo no fingió que asumir nuestra humanidad: cumplí las leyes de crecimiento humano de cada niño.

Necesitó tus brazos para acurrucarse en ellos, tu palabra para construirse, tu mirada atenta para adquirir confianza y atreverse a lanzarse a la vida…

Gracias por asumir otra vez por mi este misterio de paternidad, tú Sombra del Padre del Cielo!