¡Nos cuesta imaginar la unción que reposaba sobre la Santa Familia cuando estaban rezando!

Un profundo recogimiento os envolvía vosotros tres en una comunión intensa.

Unas palabras de acción de gracias pronunciadas por el Verbo hecho Hombre, un salmo cantado por la Mujer llena de gracia, un versículo que tú San José murmuras a media voz, y el Shalom de Dios bajaba sobre vosotros en silencio como una nube celestial…