O San José, como pudiste dar la talla al recibir el Hijo de Dios bajo tu techo?

Tras el efecto sorpresa, ¡Pues tuviste que volver al taller, y María en la cocina!

La vida volvió a ser rutina, y sin embargo ya no era nada igual: de aquí en adelante centraste toda la atención en este Niño, quién se había vuelto en el único objeto de tus pensamientos, de tus palabras, y de tus actuaciones.

San José, enséñanos a centrarnos también en Él, quién es “con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).