Pensamiento 245

No nos equivoquemos: San José no es el hombre del silencio por el hecho de que el Evangelio no revela ninguna palabra suya. Tal silencio es elocuente, pero es, primero, el propio silencio de los evangelistas.

Antes que nada, el silencio de San José es el silencio del Señor. Porque el Verbo viene revestido de nuestra carne como infans, o sea como un niño muy pequeño todavía incapaz de hablar. José escucha al Verbo en el silencio de la infancia, descubriendo la Revelación a través de que tal Revelación exige ser interpretada. Un niño no da explicaciones, sino que se deja descubrir, seguro de que se le entenderá porque se le quiere.

Así es cómo el silencio de San José es la espera de la Palabra, es acogida del Verbo, y es interpretación de la Revelación.

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