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Artisanat monastique

Pensiamento 97

El misterio de Navidad recuerda a los cristianos que no son bastante poetas, que utilizan muy poco esta virtud del espíritu de los niños, o sea la capacidad de maravillarse de todo y de todos, la posibilidad que da el Espíritu por ver y vivir lo esencial. El que reza, está imbuido por el Espíritu. El que está imbuido discierne la novedad, entiende el lenguaje secreto de las cosas mudas y de las vidas alteradas. ¿Quién mejor que San José se dio cuenta de la obra de Dios que crecía en secreto en el seno de María?
Ante el Pesebre, sólo los poetas auténticos perciben al Señor que hace nuevas todas las cosas.

El Espíritu de Navidad despierta la poesía que duerme en el corazón de los niños de Dios. El mundo espera el testimonio de los cristianos que exclaman con San José: « Nunca hemos visto una cosa igual! »

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