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Pensamiento 94

Tener un bebé, es algo importante, sin duda. Lo sentimos, lo adivinamos, lo tememos quizás, lo imaginamos lo más a menudo porque, en realidad, no lo conocemos. El bebé no se equivoca y espontáneamente se esfuerza en reconocer las expectativas de los padres y en adaptarse a ellas. El niño crece en esta imagen.

¿Qué podrían hacer los padres sin conocer al que viene? ¿Cómo nos prepararíamos a Navidad de otra manera que imaginando a un pequeño Jesús a nuestra imagen, nosotros quienes no lo conocemos?

El Adviento de María y José fue muy diferente. Para ellos, lo nuevo que iba a venir se esperaba por lo que es. No disfrutaban de ninguna presciencia sino que conocían el corazón de Dios. Su espera sólo era atención a Dios que se revela cada día.

Por lo tanto, decir que San José protegió a la Virgen del Parto es afirmar también que él está en la mejor posición para proteger nuestras almas de toda proyección y de todo deseo de dominio sobre Dios: acojamos con corazón abierto el que nos restaura en su imagen y semejanza.

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