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Artisanat monastique

Pensamiento 85

Nazareth es el lugar privilegiado para descubrir hasta qué punto el corazón de Dios es un corazón de carne, ardiente y frágil. Dos cegueras espirituales nos tienen en efecto lejos de Dios. Ponemos tanta aplicación que salvaguarda la potencia de Dios que olvidamos que se revela en la fragilidad de nuestra carne (cf. Jn 1,14)?; ponemos tanto celo que magnifica la Palabra de Dios que descuidamos que nos viene pobremente, por el testimonio de sus servidores (cf. Lc 1,2). O bien, al contrario, procuramos controlar a Dios, viendo en el Mesías sólo su humanidad, mientras que delante de él toda rodilla se doble (cf. Phi 2,10). Dejemos de defender una divinidad fantaseada: ¡ dios es único! Dejemos de hacerlo a un hombre a nuestra imagen: ¡ es el hombre nuevo!

Entonces Santo José es el artesano de dos ajustes en nosotros, él que no vaciló en transmitirle su sabiduría al niño Jesús, él que siempre procuró sólo parecerse a su hijo. Porque Jesús es Dios, José renunció a ser un gran hombre (cf. Jn 3,30); porque Jesús es sabio, José se puso en su escuela (cf. Pr 8,14). La grandeza de santo José se pone de acuerdo en la pequeñez de Dios.

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