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Artisanat monastique

Pensamiento 63

Se imagina al hombre realizado como a un monumento acabado. En nuestras mentes, es como un héroe habiéndose acercado tanto a la muerte que los vivos le atribuyen un estatuto especial. Viene como un vencedor cuyas hazañas suscitan temor y respeto. Lleva cicatrices que testifican de su valor en el sufrimiento y de su resistencia ante la agresión.

Cristo resucitado, el hombre nuevo, al contrario, no es valorizado por sus cicatrices. Sus heridas abiertas le identifican, el nuevo Adam está abierto a la plenitud del Amor.

San José no tuvo que enfrentarse a la Serpiente antigua, pero el esposo de la nueva Eva también es una figura de Adam, un hombre herido esperando una plenitud más grande. San José lleva bien su nombre: es el hombre que aumenta, el hijo que crece, Dios que crece en el hombre. Es un hombre realizado porque permanece abierto a la obra del Padre y participa. Es un hombre realizado porque hace que sea grande en él la parte de Dios. San José enseña que el tiempo pascual es un Adviento que pone en tela de juicio todo lo que sabíamos para acoger al que no conocemos: el Emanuel, presencia de Dios entre los hombres; el Espíritu Santo, presencia de Dios en el hombre.

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