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Pensamiento 56

No hay por una parte el mes de José, desconocido, y más tarde el mes de María, unánime. El culto a San José no es para algunos solamente, y la devoción a María para todos.

« Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón » (Lc 2, 51). Quien preste atención a María callada, y contemple el silencio de José y el de Jesús, contempla el silencio del Padre y del Hijo. Con ellos María entra en el silencio, y nos lleva consigo, lo mismo que lo hizo en la noche navideña, lo mismo que lo hará al pie de la Cruz. Entrar con la Virgen en el silencio de Nazaret significa ponerse bajo la protección de San José que es el encargado de custodiar ese silencio. El silencio que llega cuando viene Jesús, ese silencio debe ser respetado, mas no ha de ser un silencio que nosotros hagamos por voluntad propia, sino que se entra en él contemplando con María esa bellísima relación que une a José y a Jesús.

Tomémonos el tiempo de entrar en el silencio. Cuidemos de respetar el silencio en el que Dios se revela. Entremos en la lucha de la oración, la cual siempre empieza con el tiempo del silencio. Encima de todo, pidamos a San José que él sea quien nos lo enseñe y nos eduque a que entremos en él.

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