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Artisanat monastique

Pensamiento 29

Se suele decir que «La curiosidad es un defecto malo». Es verdad que puede conducir al malo. Sin embargo ¿es necesario dejar de ser curioso de todo, y sobre todo de Dios? El peligro no está en la curiosidad sino en la apropriación, en el acaparamiento que luego ocurre a veces. Así la curiosidad sobrenatural, que intenta penetrar en el misterio para entenderlo, se acompaña del deseo de conocer a Dios, aquel deseo que conduce al abandono de sí mismo en el amor. Miremos a San José: evitó la tentación de limitar el misterio de su esposa y de su maternidad, hasta el punto de retirarse para no molestar en absoluto el crecimiento de la gracia. Pero el ángel le confirmó en la audacia del amor. Y José se deja investir por Dios en un abandono completo de su propia vida.

San José, haz crecer nuestro deseo de conocer a Dios, enséñenos cómo dejarnos conquistar por el espíritu de Nazareth de la misma manera que tú acogiste a María en tu casa.

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